Pasar de negar el propio deseo a afirmarlo verbalmente supone un salto significativo. Se trata de un paso no imprescindible en algunos casos, bien porque no ha habido negación o bien porque de ésta se ha pasado instantáneamente a la acción. En cambio, del decir o afirmar el propio deseo al hacer o realizarlo se produce el salto que realmente importa, aquél del que depende ineludiblemente nuestra satisfacción. Ahí nos hallamos ante el hecho de vivir, ante la posibilidad y el reto que conllevan la voluntad, ante el puro actuar. Este es un paso que nadie puede dar por nosotros, y mucho más nos vale que así sea.
De poco nos sirve que proclamemos nuestra libertad y nuestro deseo si no lo hacemos para construirlos. Sencillamente esa proclama, o notificación, o afirmación, o difusión, o advertencia, o como se le quiera llamar del decir, no es lo que nos hará felices. Somos felices cuando hacemos por nuestra felicidad, y lo hacemos desde el obrar, actuar, dirigir, elegir, que es decir desde la acción, el hecho. Sólo así habremos pasado del dicho al hecho, y sólo así encaramos nuestro devenir y su fruto, que no es otro que la satisfacción y plenitud.
En poco nos conocemos por definirnos. Mucho mejor nos conocemos en lo que hacemos. No hace feliz, alivia tal vez, o reconforta o apuntala, pero no hace feliz, decirle a amigos, o a parientes, o a quienquiera que queramos, que nos reconocemos como homosexuales, o como heterosexuales, o como seres sexuales, o que nos gusta tal o cual práctica sexual, o que aspiramos a esto u aquello. Lo que nos abre las puertas de la felicidad es involucrarse en el propio deseo, relacionarse con otros individuos, tomar riesgo en la relación para ser quien uno es sin perder la visión del otro, tener relaciones sexuales, afectivas también pero, en este terreno, sobre todo sexuales. El manolo siempre es algo que se hace, que uno se hace, y se lo hace concretamente. No hay alternativa: o te lo haces o no te lo haces, como haces o no haces sexo, como duermes o no duermes. Y del dormir el descanso como del sexo el placer. En general nos hace felices conocer quienes somos, en la medida de lo posible, porque así obramos a nuestro favor y vamos dando los pasos que nos convienen. Pero desde el sentir, más que ninguna otra cosa, nos hacen felices las relaciones positivas con el otro, que nos permiten ser y descubrir, amar. Dicho esto, otra cosa es afrontarlo en la individualidad. Pero por el hecho de que nos suponga un trabajo, ciertamente un apasionante trabajo, no podemos hacer más que enfrentarlo. No nos servirá, de nuevo, quedarnos en el dicho. Insistiré tanto como sea necesario en que no es lo mismo haber oído hablar de hacerse un manolo, y decir que se sabe sobre hacerse un manolo, que hacerse un manolo. Insisto en que no es relevante conocer tal o cual ejercicio si no se practica, como decir que se sabe cocinar por haber visto un programa de cocina, sin haber cocinado. ¿Debo insistir más? Aclaro por otra parte que no argumento para restarle su justo valor al dicho, en su medida, a veces significativa, positiva. Insisto en que lo capital, lo que cuenta, es el hecho, lo que hacemos.
Una primera regla de oro podría enunciarse como sigue: sal a la vida a encontrar individuos, no a buscar fantasías. La nuestra es cultura del consumismo fácil, del ideal del logro sin esfuerzo, de una cierta primacía de la banalidad, de fantasías y patrones culturales (de Hollywood, o de los padres, o de los amigos, o de la clase social, o de prejuicios u otras perversiones sociales que fomentan la incapacitación o invalidación la singularidad individual). Esto tiene un sentido bien orquestado, los idiotas insatisfechos fantasiosos desmemoriados son mucho más fáciles de manejar y es más fácil venderles lo que sea. Ahí puede resultar todo un esfuerzo no anteponer la búsqueda del ideal fantasioso al encuentro y la interacción con lo real. Es un esfuerzo que hay que hacer si se busca la felicidad. De lo real deviene la felicidad. De la ficción obtendremos, a lo sumo, un sucedáneo que no nos satisfará más que aparente y momentáneamente; y a la larga nos hará seres insatisfechos, cada vez más trabados y onerosos. Frustrados que cargan al mundo su frustración, pero el mundo funciona por lo que pones en él, no por lo que esperas de él. Aquí el engaño se paga muy caro. En el momento en que un individuo asume su responsabilidad y se compromete consigo mismo, fehacientemente, a no permitirse el autoengaño, la excusa o el regateo en lo que debe hacer, puede asegurarse que el camino de su felicidad, de su satisfacción, de su realización plena y de su empoderamiento ha empezado y no hará más que progresar, por difícil que nos pueda parecer la cuesta vista desde abajo, por doloroso que pueda ser inicialmente esta asunción de la propia responsabilidad, por vacilante que resulte el compromiso de autohonestidad en un principio. El gran paso aquí ya lo hemos dado, los demás pasos vendrán del caminar.
¿Cuál será, pues, la primera regla de oro para hacerse un manolo? Esta regla es simple pero comporta un gran hacer, la enuncia mi propio Método AAAG: Abrir (el culo), Aceptar (la penetración), Aplicarse (al coito anal) y Gozar (entregándose a él sin regateo ni manola, sin trampa). Este Método AAAG, a su vez, opera también en el campo general del trabajo del coaching: Apertura, o abrirse a la posibilidad del manolo, Aceptación, o aceptar el propio deseo, Aplicación, o aplicarse para su satisfactoria praxis, y Goce, o el ejercicio de su potencial.
Del dicho al hecho la acción, el ejercicio de la voluntad. Cada uno verá lo que hace, lo que quiere hacer, pero no veo otro camino en esta dirección, aún contando con que la vida nos pueda regalar algún maravilloso atajo, además de aventuras, aprendizaje, conocimiento al cabo. La forma que debemos contemplar de vivir, en la que esforzarse y dar el máximo de sí no es carga sino libertad, pasión o sensatez, aún con las dificultades que puedan presentarse, es vivir responsables, satisfechos y felices. Este es el norte que no debemos perder, incluso cuando parezca que podemos desfallecer. No hay garantía ni seguro que cubra esta voluntad de vivir más que el hacer del día a día, en lo particular y en lo general. El éxito no está garantizado pero si, sean cuales sean las circunstancias, uno ha hecho todo lo que podía hacer para hacer algo bien, de la mejor forma posible, uno estará en paz, con todo.
Responsabilidad, satisfacción, felicidad, después de todo paz. Tanto y tan bueno hay por delante, por detrás, por encima, por debajo y por donde alcancemos a enfocar, para nada más y nada menos que la dicha de vivir, también para el más dichoso tomar por culo.



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