La curiosidad nos moviliza, salvo cuando es entretenimiento. Moviéndonos avanzamos, crecemos, pero del entretenimiento sólo deviene postergación, aplazamiento y al cabo embotamiento paralizante. Es por ello que la cultura del entretenimiento conduce actualmente al paroxismo de la insatisfacción, a la búsqueda ansiosa de la falsa novedad y el estímulo fácil, a la pereza y finalmente a la demencia. Del entretenimiento como modus vivendi deriva la banalización, de la banalización el tedio espiritual, del tedio la frustración y de ésta el fin de la vida. Sin conciencia en el hacer no hay futuro. Nos faltamos al respeto, deshonrándonos, cuando no damos su justo valor a lo que hacemos y a lo que perseguimos, incapacitándonos así para el esfuerzo que esa valía exige.
En mi trabajo tengo ocasión de observar como el síndrome del "tastaolletes" crea un abismo de insatisfacción. Ir probando aquí y allá, dedicándose un tiempo a algo sin completarlo para cambiar después de objetivo, por aburrimiento o por banal curiosidad, es un camino rápido y directo a la frustración. Podríamos hablar de consumismo espiritual si no fuese que ambos conceptos son incompatibles, un oxímoron. Acabaremos así negando el valor de todo, incapacitados para la persistencia y descreídos para el hacer provechoso. Terminaremos ciegos para la complejidad de la realidad, sordos para el lenguaje de la vida, mudos para aportar nuestra voz, sin gusto para paladear el triunfo y sin olfato para el aroma de la verdad. Estos pueden ser los efectos del movimiento sin dirección, o de la energía sin propósito.
Debo animar con franqueza a quien lea estas líneas a hacer el COACHING HAZTE UN MANOLO. En primer lugar, recomendando un compromiso razonable de no cejar en el empeño hasta haber cumplido el propósito. En segundo lugar, reconociendo el valor del propósito, y reconocerlo significa aportar el esfuerzo necesario, no sólo el económico. Así determinación y voluntad son el antídoto para frustración e insatisfacción. Hacerse un manolo supone un trabajo muy serio, más allá de la gracia que nos haga, o del morbo que nos de. Por esto la recompensa es tan grande, y por esto el coaching es para tu empoderamiento y satisfacción. Después de todo, el curioso "tastaolletes" podrá constatar que el compromiso le habrá liberado y que el esfuerzo habrá sido un placer.
AL LECTOR
(de Charles Baudelarie, prologando "Las flores del mal")
Las estulticia, el error, la ruindad y el pecado
Ocupan nuestras almas y roen nuestros cuerpos,
Y nosotros nutrimos nuestros remordimientos
Igual que los mendigos sustentan su miseria.
Los pecados son tercos, los pesares son laxos;
Con creces nos hacemos pagar las confesiones,
Y volvemos alegres al camino fangoso,
Creyendo, en viles llantos, lavar todas las manchas.
En la almohada del mal, es Satán Trimegisto
Quien mece sin cesar nuestro hechizado espíritu,
Y el precioso metal de nuestra voluntad
Se evapora por mor de ese sabio alquimista.
¡El Demonio maneja los hilos que nos mueven!
En objetos inmundos hallamos seducciones;
Cada día bajamos un paso hacia el Infierno,
Sin horror, a través de tinieblas hediondas.
Igual al libertino que besa y mordisquea
El pecho lacerado de una vieja ramera,
Robamos de pasada un placer clandestino
Que exprimimos a fondo como seca naranja.
Ceñido, hormigueante, tal un millón de helmintos,
Un pueblo de Demonios bulle en nuestras cabezas,
Y, cuando respiramos, la Muerte en los pulmones
Desciende, río invisible, con quejas apagadas.
Si el estupro, el puñal, la ponzoña, el incendio,
No bordaron aún con sus gratos diseños
El trivial cañamazo de nuestra mala suerte,
Es porque el alma nuestra no fue bastante osada.
Mas, entre los chacales, las panteras, las hienas,
Los simios y escorpiones, los buitres y las sierpes,
Los monstruos aulladores, gruñidores, rampantes,
En la infame leonera de todos nuestros vicios,
¡Hay uno más perverso, más feo, más inmundo!
Sin hacer grandes muecas ni lanzar grandes gritos,
Él haría con gusto de la tierra un residuo
Y, con sólo un bostezo, devoraría al mundo.
¡Es el Tedio! -Los ojos anegados en llanto,
Imagina patíbulos mientras fuma su pipa.
Lector, tú bien conoces al monstruo delicado,
-¡Hipócrita lector -mi prójimo- mi hermano!



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