Formar es dar forma. Forma es, según el DRAE, "figura o determinación exterior de la materia" y en su segunda acepción "disposición o expresión de una potencialidad o facultad de las cosas".
Anal o relativo al ano. El ano, la más denostada parte de nuestro cuerpo, es la puerta de entrada cuya apertura nos abre al éxtasis desde el perineo hasta la coronilla. El ano, políticamente incorrecto, objeto de burla, terror oscuro, que mientras ha estado cerrado ha sido suciedad, intimidad con la mierda, y una vez abierto es gloria, posibilita el extraordinario orgasmo que traspasa piel e inteligencia, identidad y libertad, sometimiento y dominio. A ese orgasmo aquí le llamamos "un manolo", una realidad tan reservada o tan universal como el propio ano.
El punto de partida, y como en un círculo perfecto el objetivo último, de la formación o preparación que se realiza desde el "Coaching hazte un manolo" es lograr el empoderamiento y la satisfacción del individuo. Será capital reconocer el propio cuerpo sin que sea necesario un exhaustivo conocimiento anatómico. Será aún más importante reconocer el propio deseo sin que sea necesario un máster en psicología, o seis años de terapia. La exploración del propio cuerpo, el sentido común y la honestidad con el propio deseo son las herramientas necesarias, y están a nuestro alcance en cuanto tenemos voluntad y criterio para usarlas.
Pronto, al reconocerse, uno empieza a encauzar su vida y a lograr que su anhelo de felicidad tenga encaje en el mundo. A partir del reconocimiento, y aún con los pasos que después deban andarse, el empoderamiento y la satisfacción se posibilitan porque deseamos aquello para lo que obramos y obramos para aquello que deseamos.
A través de esta formación se patentizan tres principios rectores básicos, de un modo tan vivencialmente indicutible para hacerse un manolo como universalmente aplicable a otros ámbitos de la vida. Tres principios sencillos y esenciales que alumbran en toda su fuerza y verdad. En primer lugar, la voluntad puesta a hacer es el antídoto de la insatisfacción y la frustración. En segundo lugar, el compromiso libera las facultades y energías necesarias para la consecución de los objetivos. Y, en tercer lugar, el esfuerzo trae dicha, de la misma forma que la fricción en el sexo genera el orgasmo.
Voluntad, compromiso y esfuerzo no son valores con buena publicidad en nuestra cultura de masas, pero esto no niega su valía y potencia. A todas luces lo cierto es que alienación e insatisfacción son malogradamente dos de los signos de nuestro tiempo, y en consecuencia nuestro desafío.



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